UFT-8
 
 
Monday, November 28, 2005
"HOY"
“ chiste: llega un tipo a un bar con su jirafa,
se sientan en la barra y piden dos whiskis dobles.
Después de dos horas el hombre se levanta, paga y se va,
El cantinero le dice: -¡oye!, no puedes dejar esto aquí.
El hombre responde: ¿qué hay de malo en ello? Es solo una jirafa.
Fin.
.....................................................
lo sabía, tu tampoco tienes sentido del humor”


Comienza el espectáculo, imaginando las partes más privadas de tu anatomía mientras me empino otra botella de tequila, sí, una más.
Ya me di cuenta de que me gusta sufrir, ya me di cuenta de que el problema soy yo, siempre lo he sido y nunca lo había sabido o querido ver, pero ya entendí el mensaje, lo juro. Esto viene a consecuencia de querer salvar lo insalvable, de querer rescatar lo que ya no tiene el mínimo de sentido común, por querer que siempre las cosas funcionen de la mejor manera posible, pero ya no, ¡no lo hago más! Me repito dentro de la cabeza cuando me quiere nacer ese extraño bicho llamado “buena vibra”. Hoy lo intenté por una última vez, solo para ver si recibía alguna respuesta, mande algunos mensajes y en lugar de darme un poco de esperanza y paciencia solo me devolvieron un golpe directo al hígado, solo me demostraron lo que ya estaba escrito, mensajes escritos a la nada, al vacío mismo de la locura y la languidez.
Hoy me di cuenta de que las cosas cambian, ¿hoy me di cuenta?, se supone que en teoría eso ya lo sabía desde hace mucho pero a veces tendemos a equivocarnos en nuestras propias teorías.
Hoy me di cuenta de que vivimos en una oscuridad indescifrable y envolvente, llega de la nada y tan gradualmente que no nos percatamos de ello, se viene como en un fade in, poco a poco y cuando menos lo pensamos la tenemos metida hasta las narices, después ya no hay nada, solo silencio, solo desconcierto y confusión, ¿cuándo cambiaron las cosas? ¿cuándo cambié y cuándo cambiaron todos?, solo silencio, desconcierto y confusión, pero nada más.
Hoy me di cuenta de que sigo solo, tan solo como la luna, mudo y enmoheciéndome de un sentimiento verde y viscoso, mis piernas ya no responden como antes, creo que me estoy poniendo viejo.
Hoy me di cuenta de que tengo que regresar a mi rincón del olvido, he decidido que es lo mejor para mi y para muchos, tengo un tabaco apuntándome a la cabeza cual si fuera un revolver mientras me veo en el espejo y me digo: “regresarás a tu rincón y a la soledad que tanto odias, a partir de hoy vas a comer soledad, vas a soñarla, vas a respirar y vas a vestir tu soledad a cada momento, a cada puto minuto, hasta que la quieras, hasta que no puedas vivir sin ella y más aún, hasta que aprendas a amarla”
Será que somos los despreciados, los últimos, ¡aquí estamos!, somos el corazón olvidado de quienes alguna vez prometieron nunca irse, somos la rebeldía insurrecta de los que prometieron estar, bajo el juramento predilecto de una cerveza en la mano derecha.
Hoy quizá recibí la lección más importante de la vida, quizá fue la última lección, la lección de que solo cuento conmigo y hasta eso no podría asegurarlo, a veces hay minutos en que ni siquiera me tengo, hay momentos en que yo tampoco estoy. La “palabra de honor” no tiene valor alguno, el compromiso es tan solo una mala pasada del destino, es una burla en nuestras narices, simplemente no existe porque no somos capaces de cumplir con lo que decimos un día anterior y lo peor es que no es nuestra culpa, es simplemente la naturaleza del ser humano.
Esperaría que no te asuste este instante de sinceridad pero creo que eso es demasiado esperar, la soledad fue tan sombría que no nos dejo encontrar una naturaleza divina.
Hoy me di cuenta de que debí nacer en un día gris, creo que ese día nunca paró y de a poco comienzo a enojarme por ello, de a poco comienzo a ver que esos sueños prometidos en revistas de papel couche no son más que burlas baratas, la felicidad no existe, hoy me di cuenta de estoy bastante encabronado por ello.
Despierto en un domingo cualquiera, me dirijo hacia mi casa caminando por la banqueta, el sol no hace más que joderme la vista, demasiado iluminado pero no calienta un carajo, el contraley suena por los audífonos mientras me imagino ser un misionero del pubis y del placer, ayer sacaron a las chivas de la liguilla y no solo eso, sino que las humillaron, supongo que eso también influye en el mal carácter que me cargo en la mochila, hoy todo está del carajo, ayer también lo estuvo y lo peor es que así estará mañana, bueno, quizá este peor pero al menos hay buen clima... °-° siempre he tenido mal sentido del humor.
Y todo bien, es simplemente que me he fastidiado de tratar que las cosas coincidan en un todo, estoy cansado de esto, estoy cansado de hacer el trabajo que se supone es del destino, pero que lo hace mal, estoy cansado de correr, estoy cansado de escribir, estoy cansado de beber, hoy estoy realmente cansado, fastidiado, colérico. Sigo caminando por las avenidas, la cancha me espera en la tarde y a veces pienso que esa es mi única ilusión, después de tanto tiempo sigo jugando aunque la rodilla derecha ya no puede más, cada día está peor, esta molida y de vez en cuando no me deja dormir, pero no dejaré de jugar, es el único vicio que no cambio por nada. Y de repente ahí esta, un tipo amargo que no paraba de hincharme las bolas, simplemente no paraba de joder que su equipo había sacado al mío mientras le gritaba ¡que te jodan tio, que te hagan mierda cabrón! Creo que debo controlar mis emociones, pero no, ya me cansé de controlar, si todo se ha de ir a la mierda pues que se vaya de una puta vez.
Pensándolo creo que lo mejor es volver al principio, dicen que cuando uno ha perdido el camino lo que se debe hacer es regresar a dónde se comenzó, es decir, creo que debo volver a los lugares de videojuegos y a los bares, a los pubs y a vagar por las noches en las calles esperando encontrar a alguien que nunca llegará. El hecho de estar cabreado nada tiene que ver con mi supuesto pesimismo, que no es ser pesimista, simplemente digo lo que veo y lo apuntalo pero el abuelo dice que no debo pasar quejándome, solamente hacerlo saber en el momento oportuno.
Estoy putrefacto de buenos sentimientos y buenas cosas que no me sirven para nada, creo que me estanqué en una hermandad que llegó a su final desde hace mucho tiempo, somos pocos los que creemos en que todo se puede cambiar, en que la suerte está a nuestro favor aunque pase un taxi y nos moje con el charco de agua puerca que hay a un costado de la vereda. Desde que regresé vi todo de una forma distinta, diferente, ya no es como antes, ya todos andan en otras cosas, ya no encuentro a la gente que quiero ni mis lugares preferidos, será que solo eran preferidos cuando estaba con esa gente, o quizá simplemente es otra bromita pendeja del destino incoherente. La gente, mi gente, ya anda en “otras ondas”, ¡ya actualízate hermano! Me digo al espejo con mi cara de imbécil que siempre me hace reír por las mañanas, pero no sé que es estar actualizado, no sé que es estar en otras ondas, quizá es estar ilocalizable, quizá es perder el tiempo en otros intereses que nada tengan que ver con los demás, mantenerse al margen de un movimiento imaginario que creemos es innovador, pueden ser muchas cosas pero si es lo que pienso entonces no me costará mucho trabajo, es hora de tomar “otras ondas”
Hoy entendí el mensaje, tenías razón después de todo abuelo, antes eran más chéveres.
Lo Dijo La CALAVERA 7 LUNAS A Las 9:40 PM   0 Chingaderas, Quejas y Mentadas. Habla Ahora o Calla Para Siempre
Thursday, November 24, 2005
"Mi Vieja me Dio la Vida..."
...Y Manu Chao le dio el sentido.

"Quizá toda la música, incluso la más reciente,
no sea un descubrimiento,
sino algo que resurge de donde estaba sepultado en la memoria,
inaudible como una melodía grabada en un surco de la carne".(Jean Genet)

Hubo un tiempo en que era otra persona completamente diferente a la que ahora escribe, así es ooh querido lector, la cuestión acá es comenzar por descubrir (quizá sea redescubrir) todas aquellas influencias que me han cambiado en algún aspecto de mi vida, por ello hoy quiero escribir una especie de tributo a este singular personaje, aquel conocido como “el ciudadano del mundo”, Manu Chao.

¿Por qué Manu? Bueno, aún recuerdo el día que escuché por primera vez el “clandestino”, la primera vez que esa singular e inconfundible voz taladró mi cabeza, ocurrió mientras estaba en el cine mirando “Todo el poder”, y entonces ocurrió, la rolita me gustó tanto que decidí investigar todo acerca de Manu y su locura, su delirio, su estilo y su ideología de viajero, fue entonces cuando mi vida cambio y supe lo que quería hacer de ella, tuve una revelación y entendí que eso también podría ser para mi, recorrer lugares diferentes, conocer culturas y costumbres distintas, ponerme una mochila al hombro y recorrer la tierra debajo de mis pies sin un rumbo conocido.
También tiene una razón de ser, tiene un sentido el hecho de escoger una vida errante, ese hecho se define en que siempre he creído, al igual que Manu, que la mejor escuela de la vida es poder viajar y por eso de vez en cuando me arriesgo, por momentos viajo, porque solo así entendemos otros aspectos distintos de la vida, otras cosas que no existen bajo los ojos inmediatos de la vida rutinaria, para mí, el hecho de no viajar o de no conocer algo nuevo a cada día representa la virtud que tiene el hastío para hacerme caer, el hecho de no aprender algo nuevo es el pretexto necesario para que nos coma la desidia, para que nos absorba el abandono.

En el mundo de Manu todo viene revuelto, tiene un sabor de mezcla cultural, su estilo y estética se asemejan a folclóricas postales sudacas para turistas suecos, frases místicas que no dicen nada y dicen todo a la vez, en el mundo de Manu lleno de frases sin final nada tiene explicación, y eso es porque todo ya comenzó pero nada ha terminado.
Entre el Tercer y el Primer Mundo, entre el underground y lo establecido, ha forjado durante casi 15 años una carrera que algunos espectadores ahora asemejan con la de Bob Marley.
Hubo un tiempo en que Manu Chao pasaba desapercibido. Cualquiera se lo podía topar en cualquier calle, fiesta tradicional o antro de alguna población carioca, senegalesa, catalana o colombiana, y sentarse a conversar con él por largo rato, casi hasta que el tabaco, la cerveza o la marihuana hubiesen llegado a su final.
El Chao del 93, el que alguna vez pisó San Cristóbal y llegó a Bogotá a montar un circo de tatuadores, malabaristas y músicos sobre rieles llamado “El Expreso del Hielo” es, sin duda, un personaje diferente al que hoy promocionan los medios internacionales a raíz de la salida de su primer álbum en vivo con la banda Radio Bemba, titulado “Manu Chao Radio Bemba Sound System”. Con muchos más años encima, más dólares, más presentaciones por el mundo y más camisetas de fútbol que el anterior, el Chao de hoy -valga la redundancia- no es el mismo intérprete clandestino que, incluso, hace algunos años apareció de nuevo por Suramérica para promocionar su primer disco después de la disolución de Mano Negra.


Algunos lo ven como la nueva primera súper estrella del Tercer Mundo, otros se atreven a considerarlo el Bob Marley moderno del Primero. En ambos casos, críticos y fanáticos tienen en común el hecho de relacionarlo con el tipo de fiesta diversa, pluricultural y a veces caótica que sólo es viable en un crisol social donde la pobreza, el parloteo embriagante de la cumbia, el lamento lánguido y ruidoso de la ranchera y la pasión desbocada por el fútbol, son capaces de convivir y tolerarse en un espacio de dos metros cuadrados.
Algunos periodistas -que en su época de estudiantes en la facultad de comunicación auxiliaron a Chao y Mano Negra para pintar el Expreso del Hielo o que, tiempo después, elogiaron su álbum en solitario- declaran, contrariamente, que el manto estelar que hoy cobija al otrora clandestino ha creado un Manu Chao más consecuente con el público del Primero que del Tercero. Un Chao presto a saldar el hambre de world music -o de postales folclóricas sobre nuestra peculiar cultura mestiza- que ha invadido a los no mestizos en regiones como Europa; y que al parecer lo ha alejado -por consiguiente- de un compromiso serio frente a la difusión desinteresada de la cultura latinoamericana, la misma que -sin discusión- ha dado vida y forma a su vendida obra discográfica.

Que si Chao favorece a los primeros o a los terceros, sin embargo, no es la cuestión -ni el argumento absoluto- que mejor describe su carrera. Su relación con las tradiciones culturales de los pueblos mestizos, negros o indígenas del mundo ha sido estable y profesional durante los casi 15 años de su trayectoria oficial. Es su relación con la industria musical la que ha cambiado abismalmente -la forma en que ésta y los medios que la legitiman promocionan su música y su vida- y eso prueba por qué en su actual ascenso no es fácil que cualquiera se pueda topar con él en cualquier calle, fiesta tradicional o antro del mundo bajo.

Sin embargo y después de todo, Manu no se daría a conocer sino hasta la disolución de Mano Negra, su antiguo grupo musical francés que no lo era del todo, era una mezcla de músicos con nacionalidades diversas, tal y como ahora lo es “La Radio Bemba”.
Desde un punto de vista no general, Casa Babylon, el inesperado adiós de Mano Negra con una gran repercusión de ventas, terminó sentando gran parte de las bases desde las cuales Manu Chao reaparecería cinco años después bajo el título de Clandestino (1998, también editado por Virgin). De algún modo, Chao retomaba el sistema de hits de Mano Negra -discursos zapatistas, imágenes de ungüentos y mentoles de la suerte, transmisiones de emisoras fronterizas en AM, historias polvorientas e ilegales; pero también incluía una completa serie de crónicas de carretera y tonadas cálidas fabricadas durante los cuatro años que sucedieron al deceso de Mano Negra, cuando el cantante y guitarrista, montado en un jeep sin rumbo fijo, decidió darle una vuelta más a África y América del Sur.

No había, sin embargo, más de un par de periodistas interesados cuando Manu Chao reapareció en Bogotá, en 1998, llevando bajo su brazo una copia promocional de su primer álbum en solitario, Clandestino. Lo acompañaban tan sólo una grabadora con un casete de Willie Colón y un músico francés de los que hoy conforman Radio Bemba, y quienes llegaron a entrevistarlo lo hicieron en un café de una zona céntrica y típica bogotana, que el propio Chao osaba conectar con otras de sus regiones preferidas, en un autógrafo que dejó sobre la mesa en ese encuentro: 'De Cariri (Brasil) a La Candelaria (Bogotá). De casita en casita. De sueños en sueños. De realidad en realidad... En equilibrio precario... Siempre ilusionado... siempre alumbradito'.


Como una premoción, el Manu Chao del año 2000 tuvo, a su lado, más que un introvertido escudero francés o una grabadora de rapero neoyorquino. Chao seguía paseándose las mismas urbes tercermundistas en ruinas, alojándose en hoteles céntricos de mala muerte y recorriendo laberintos de drogas e indigentes como El Cartucho -deprimido sector bogotano donde hace un par de meses se produjo un atentado terrorista con cilindros bomba; pero las miradas que acompañaban sus pasos eran otras. Manu, el hijo del escritor Ramón Chao, el artista que había montado algunos otros circos de teatreros errantes, músicos de pueblos e improvisadores verbales como La Feria de las Mentiras (en Santiago de Compostela, España), ya no necesitaba recorrer 1.700 kilómetros por el nordeste brasileño para tener toda la bendición de los mass media. Con sólo tres canciones promocionales en radio (Clandestino, Desaparecido y Mama call), el ex líder de Mano Negra fue montado en el expreso caliente de la fama, por una crítica enardecida que necesitó de dos años para poder comprender su primer álbum en solitario.

Chao, tras la barra de su bar en Barcelona (La Última Ola) sonreía y respondía cordialmente a las preguntas que se le hacían en esa fecha, y aunque no recordaba exactamente lo que había dicho dos años atrás en Bogotá durante la charla en La Candelaria, entendía que su historia como músico definitivamente había cambiado, quizás en complicidad con el cambio del milenio y de los titulares de prensa.
Días después, incluso, y de vuelta a La Última Ola, ya había quienes tomaban la vocería a su nombre, anunciando nuevas giras por el mundo, predicando sobre la llegada de un posible premio Grammy o prediciendo el éxito que -como posteriormente sucedió- tendría su segundo álbum en solitario, Próxima Estación: Esperanza.

Algunos días después de llenar a tope la Plaza de Cataluña en el Festival de La Mercé, Manu Chao y Radio Bemba cerraban en París (Francia) la gira mundial de Próxima Estación: Esperanza, cuyas cifras de asistencia (1 millón de personas), ventas de discos, críticas y merchandising han sido de las mejores en toda la historia de un artista francés, español o latinoamericano, tres de las geografías con las que más se ha relacionado su carrera. En París, la noche del 17 de septiembre de 2001, Chao llevó a cabo además la grabación del que actualmente constituye su primer álbum en vivo después de Mano Negra, Manu Chao Radio Bemba Sound System, un disco de 29 canciones y 70 minutos que además de resumir en un solo tirón los 120 conciertos que él y su nueva banda dieron por tres continentes durante tres años, resume buena parte de la vida y obra del versátil franco hispano que alguna vez, tal como lo explicó en La Mercé, cayó en manos de la música de Bob Marley, 'esa cadencia medicinal capaz de hacerse entender ante cualquier cultura del mundo'.

Por encima de los 40 años de vida, sin hablar demasiado de sus cifras de ingresos y sin saber si algún día volverá al oficio de servir tragos en La Última Ola; Manu Chao reconoce que en este punto de su carrera es más fácil saber de él por Internet, que merodeando los lugares que antiguamente frecuentaba.


Cuando en las calles nadie duerme y el corazón se despierta.

"Queremos 'poemas que maten'.
Poemas asesinos, poemas que disparen.
Poemas que afronten policías en los callejones
y les arrebaten las armas."
(Amiri Baraka)

Recuerdo haber analizado una canción de un tal Adrian Belew (líder de Crimsom Krim), llamada "1967", alguna vez la escuché por casualidad y me gustó tanto que me llegó la necesidad de investigar de lo que se trataba. En ese texto sonoro (una bellísima canción dedicada a los Beatles), descubrí muchísimas oraciones que variaban radicalmente entre ellas. Es decir, en una misma canción convivían ritmos diferentes, a diferentes velocidades, con varios cambios modales y tonales, con instrumentaciones completamente distintas y motivos diferentes, desarrollados también de diferente manera. Es como decir que en una misma canción convivían varias.
Me pareció sencillo indicar las diferentes secciones en cada cambio, pues en un primer momento parecía que estaba comenzando siempre una nueva canción, un nuevo discurso. Pero cuando escuchaba de corrido la cinta, la sensación no era de fractura sino de un todo que me transportaba por diferentes estados. Sentí que la coherencia de toda la obra permanecía incluso en sus cambios más radicales, que la canción era un obra íntegra, una existencia sin partes, o con partes que en el todo habían perdido su forma individual.

Fue entonces que, mirando por el aparador de una tienda de discos allá en Buenos Aires lo vi, por primera vez, un compilado de recitales de Manu en DVD, sin dudarlo lo compré y vaya sorpresa, es maravilloso y desde ahora uno de mis más preciados tesoros. En ese disco descubrí muchas cosas acerca de lo que hoy me influencia, la magia del show no es sólo su música sino también la emoción del encuentro con un público que esperaba esta visita. En las dos horas de recital Chao y Bemba avanzaron con un impacto musical de alto alcance y lograron un clima en el que era imposible mantenerse quieto o sin cantar. En algún momento subieron al escenario los familiares de los presos políticos de la Tablada para hablar de la huelga de hambre que estos están llevando a cabo. Simbiosis estereofónica entre su discurso y las bandejas de sonidos de Sound of System, emblemático colaborador de Chao, intermitente en todo el show. Y enseguida más molotov musical, mezclas de cantos, "maradó, maradó...", se confundían o crecían, "como a los nazis les va a pasar, adonde vayan los iremos a buscar...", intercalados al propio Chao anunciando "próxima estación...". Todo en simultáneo, todo contrastado y fusionado. Las Madres de Plaza de Mayo con Hebe al micrófono, los pañuelos inundando con su luz un estadio repleto de sudor y manos en alto saltando porque "el que no salta, es militar", y más Chao y Bemba "por la carretera", una guitarra de Argelia que desmaya de sutileza y virtuosismo; una banda afiatada, muy afiatada. Naturalmente, el discurso del Sub Comandante Marcos, portavoz de la lucha del EZLN, sobre un fondo de sonidos sampleados. Más música (sí, más), HIJOS (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio), y "arriba la luna, ohea"... Alguien me dijo "vas a ver que la música no para nunca, en todo el show". Más que eso, la intención no para nunca, el sentimiento no para. Los guiños de Manu con su gente son constantes y por momentos se pierde noción de cual de todas sus canciones esta taladrando el aire y el alma.
La mágica y constante variedad de estímulos que nace de su música es imposible de subdividir en partes. Es difícil decir siquiera que interpretaron canciones, porque en todo caso, todo el show fue una inmensa canción. Me es imposible seccionar un compacto emocional tan contundente y poderoso.


... Posted by Picasa

Y quizás lo más gratificante es que esos códigos también se traducen en una actitud. Así como esta música vivida no se fractura, no tiene secciones, (aunque si una inmensa diversidad), cuando en su vida pública Chao se compromete con una u otra causa aquí y allá, cuando toca en la calle y cuando se convierte (le guste o no) en un portavoz político y popular de una ideología libertaria, también esta cantando la misma canción.

Chao en vivo me terminó de enseñar esta forma de hacer música. Desde 1996 cuando escuché por primera vez "AmériKa Perdida" de Mano Negra (y ahora que encontré una amarillísima remera de la banda), sellé fidelidad por su música.
La música de Manu Chao habla de un mismo sentimiento, que ya no necesita palabras porque cotiza en calidad humana. El sentimiento late en las calles, las de Buenos Aires, las de Barcelona o las de Nicaragua, las de Tijuana o las de San Cristobal, no importa, todo va por la misma ruta. Las canciones que nos recordó (leí una teoría que dice que todo esta inventado, que sólo existen los buenos o malos "recordadores") han encontrado buena tierra para florecer. Y no importa que haya 16 temas en un disco, o que su banda ahora se llame Radio Bemba, que mañana toque en Chiapas o en París, el mensaje que subyace a todo su trabajo es Uno y es de todos.

Si en cada acción, canción, narración, se plasman sentimientos sinceros, cada espacio al que se arriba se llena de significado. Abrir esos espacios a las palabras sinceras, hacer presentes las voces que le dan real sentido al camino, es sacar el escenario y tender un puente. En "Luna y Sol" (Clandestino, Manu Chao) una voz pausada y segura dice "Hermanos y hermanas de otras razas y otras lenguas o aquel a cuyas manos se acerque este manifiesto, que lo haga pasar a todos esos pueblos.”

Hoy no lo sé de cierto, quizá nunca vea a Manu y su Radio Bemba en vivo, quizá los vea el próximo año tocando en Francia, no lo sé. Lo único que si sé, lo único que tengo claro es que este singular personaje y toda su filosofía es la que hoy por hoy, tiene una gran influencia sobre mi y es por ello que quiero compartirlo contigo lector, quizá a ti también te cambie un poco la visión. Por momentos me gusta pensar que todos tenemos algo de ese Manu, un viajero errante por dentro, una filosofía Chaocesca de la pluricultura y el conocimiento perpetuo de cosas nuevas e impensadas, de ser así entonces no estamos tan perdidos, después de todo a eso venimos, a eso llegamos, a aprender algo nuevo a cada día y a tomar solo lo que nos pertenece en el sentido de lo que nos ayuda a crecer, a mirar y a hacer.
La calle, el lugar donde Manu Chao su comenzó su vida artística, de seguro tiene las respuestas.

"Por el suelo hay una compadrita, que ya nadie se para a mirar
por el suelo hay una mamacita, que se muere de no respetar
Patchamama te veo tan triste, Patchamama me pongo a llorar..."
("Por el suelo", Manu Chao)

Gracias Manu, por ser parte de quien soy ahora.
Gracias por dejarme ser parte
de esta, tu aventura errante.
Y seguimos "por la carretera", montados en este tren,
un tren llamado La Feria de las Mentiras.

Giallo Ishambao. Noviembre 2005...


Lo Dijo La CALAVERA 7 LUNAS A Las 11:43 PM   0 Chingaderas, Quejas y Mentadas. Habla Ahora o Calla Para Siempre
Wednesday, November 16, 2005
"De lo que Más Respeto"

La libertad de mirar el atardecer que yo quiera. Posted by Picasa

"Que el equipaje no lastre tus alas,
que las verdades no tengan complejos,
que el fin del mundo nos pille bailando..."

Sencillamente es la libertad. La libertad de decir lo que quiero aunque a veces eso me ha puesto en apuros, ya saben: -por decir lo que pienso sin pensar lo que digo, más de un beso me dieron y mas de un bofetón-
La libertad de escribir lo que quiero, también eso me ha traído muchos problemas, quizá no todo mundo está preparado para leer lo que escribo, pero créame querido lector cuando le digo que lo hago sin ganas de ofender a nadie, simplemente es lo que creo que ocurre en este mundo desprovisto de justicia.
La libertad de pensar lo que quiero y en lo que quiero, y a propósito de pensar, he estado pensando que hay personas que ni siquiera se dan esa libertad, la de pensar lo que quieran. Sin embargo, la libertad de la gente siempre es individual y he aquí el origen de esta gran confusión. Lo que para mi significa libertad (no meterme en la vida de los demás, por ejemplo) para ti puede significar una mediocridad senil. Por otra parte, lo que para ti pudiera significar libertad (cagar en el elevador, en el patio de la escuela, en el cofre de un Mercedes) para mi lo único que significa es una asquerosidad pendeja.
Siempre he tratado de ejercer mi libertad en la misma medida que un pájaro callejero ejerce la suya, como quien viaja hacia dónde sus ojos le indiquen, como el mismo pájaro que en medio de esta ciudad incoherente aún es capaz de desplegar las alas y volar hasta el cable que se le antoje. Ese es el tipo de libertad por el cual apuesto. Me cago en la libertad que pregonan los políticos y los libros de historia, con todo respeto, pero la verdad es que nunca he creído que la libertad llegó en la fecha de independencia ni mucho menos después de alguna supuesta revolución, tampoco creo en que ahora tengo la libertad de votar por el candidato que mejor me parezca pues no me parece ninguno. Me cago en ese tipo de libertad.
Por libertad entiendo cosas que yo puedo hacer, cosas pequeñas, quizá insignificantes, nada del otro mundo: emborracharme por el simple hecho de que quiero hacerlo y no porque el alcohol me lo pida de manera imperativa, llamar por teléfono a una mujer a las dos de la mañana (y de paso echar a perder la “amistad” o el amor), escribir unas cuantas fallidas y jodidas líneas, hacer un intento de dibujo o trazar unas cuantas líneas esbozadas para mi próxima pintura que nunca terminaré, renegar de los valores en los que fui criado, desear a la mujer de mi prójimo, treparme la mochila a la espalda y salir sin rumbo conocido, a donde la carretera me lleve, burlarme de las parejitas que se casan por la iglesia, sacarle la lengua a las mujeres guapas que siempre van del brazo de un idiota que nunca soy yo, no sé, ese tipo de cosas, meras simplezas o puras pendejadas según el enfoque que se le quiera dar. Esa es la libertad por la que peleo, esa es la causa por la que siempre pongo la cara, la misma libertad que ejerce un pendejo cualquiera. La libertad que aducen las figuras ejemplares no existe.
En ese sentido llego a comprender algunas cosas. Entiendo entonces que los primeros que restringen esa libertad siempre son los progenitores. Hay veces en que no puedes escoger ni el color de tu recámara porque se te avientan encima: que cuando se ha visto una recámara de franjas blancas y azules, que cuándo se le ha ocurrido a alguien pintar su habitación con huellas de perro o con los colores de su equipo favorito. Que desde cuando, que desde cuando, que desde cuando. Chinga.
Los segundos que restringen la libertad son los profesores. Todo lo que uno hace por si mismo les parece mal. Si uno escoge sus propios libros te mandan a la chingada; si no quieres participar en los trabajos estúpidos de grupo te reprueban, si se te ocurre otro experimento para demostrar lo mismo pero de mejor forma, no, eso no existe y si existe entonces eres el hijo del diablo.
En pocas palabras, si no eres dócil, si no te dejas manipular, si tienes ideas propias, quedas fuera.
Los terceros que restringen la libertad son los parientes. Que tu tía no se de cuenta de que no fuiste a la escuela porque ahí va con el chisme en chinga, que la abuela no te escuche decir puras pinches putas hijas de su rete chingada malamadre de leperadas porque te llama la atención, recuerda que la misión de los parientes (como la de todos los represores) es hacerte a su imagen. Deta cuenta lector y verás que no miento, la gente no quiere que seas libre ni que decidas por ti mismo.
Y sin temor a equivocarme puedo decir que los cuartos que restringen la libertad, y de alguna manera son los más severos, son las parejas.
El varón, el padre, el amigo, el hombre que alguna vez se mostraba liberal y hasta se enojaba porque a las féminas siempre las traían en chinga con los permisos y salidas, el tipo que decíase respetuoso de la mujer, ese mismo, una vez casado o juntado se convierte en el defensor a ultranza del machismo. Una vez con su mujer segura, le empieza a hostigar el machismo a punta de madrazos.
Por otro lado está la diferencia abismal entre la “amiga” en principio y después la novia oficial. No siempre se cumple pero la mayoría de las veces es así y que los compas digan si miento (¿o no mi chino? jajaja). Mientras que al principio era alivianada, buena vibra, que comprendía y aceptaba tus excesos, que te emborracharas, que te fueras a las hermandades con el carnalismo a flor de piel, luego por alguna razón desconocida se transforma, se convierte, en esa otra, la pareja oficial, la novia esquina esposa, la que después y con el tiempo te darás cuenta de que lo único que quiere es joderte la vida. Ya no acepta nada, que fulano le cae mal por esto, que tu compa, el que los presentó, es muy borracho, que si ya te vas otra vez con tus “amigotes”, que muy en el día de las hermandades necesita que la acompañes a lugares sin importancia, ¿qué si vas a dónde?... estás pendejo, y de repente te descubres faltando incluso a los cumpleaños de lo que alguna vez fue tu banda, eso si que es sacrilegio. De prontó se volvió huraña, desconfiada, enojona, mandona. A todo le ve peros. ¿En dónde quedó aquella mujer jaladora? Ya valió madre.
Pero fuera de todo eso, lo peor es cuando uno se jode su propia libertad, cuando te come la desidia, cuando te aborda la razón, cuando el miedo te infecta la piel, eso si que es jodido. ¿Cuántas cosas nos perdemos por el miedo? ¿Con cuántas ganas nos hemos quedado bajo los ojos por no tener el valor de atrevernos a hacerlo en el momento preciso? Esos segundos no regresan, lo único que regresa son los reproches mientras que la libertad se va apagando en los límites de la monotonía. Siempre me ha gustado sorprenderme haciendo cosas que ya había olvidado que podía hacer o cosas que creí nunca podría.
Alguna vez me pregunté: ¿y ahora qué sigue?. Una vez que he cumplido mi propósito ya no sé que hacer, y entonces tuve una nueva revelación. Lo siguiente que hay que hacer es trazarse un camino propio y seguirlo hasta el final del mundo si es preciso, a eso le llamo una libertad verdadera.
Giallo Ishambao. Dedicado a alguien que me ha hecho pensar.
Gracias , ya estamos un paso más cerca del fondo.
Noviembre 2005...
Lo Dijo La CALAVERA 7 LUNAS A Las 10:39 PM   0 Chingaderas, Quejas y Mentadas. Habla Ahora o Calla Para Siempre
Tuesday, November 08, 2005
"2 Minutos en el Infierno"
"Que el corazón nunca pase de moda,
que los otoños no arruguen la piel.
Que cada noche sea noche de bodas,
que cada luna, sea luna de miel."
Con todos era una puta; conmigo, una fortaleza inexpugnable. Es decir, salía con todos, había tenido aventuras con medio mundo, con mi mejor amigo, con el hermano de mi mejor amigo, carajo, creo que hasta con el amigo del hermano de mi mejor amigo que no sobra decir era un gordo mamón y muy creído, un tipo de lo más ordinario. Tal vez por eso me seducía tanto, tal vez por eso me obsesionaba tanto. Porque desde un punto de vista, digamos, objetivo, no era precisamente una mujer espectacular, no poseía una belleza llamativa sino rudimentaria, ni muy guapa pero tampoco era desagradable a la vista, tampoco tenía un personalidad impactante, más bien era algo rara pero nada más. Creo que más bien se trataba de una persona discreta, algo parca, incluso podría decir que era un tanto gris. ¿Cuál era entonces la razón para haber convertido en el centro de atención a una joven que además de todo me rechazaba, me menospreciaba, me rehuía? Dicen que el amor se basa en la sin razón y yo lo creo, en la falta de lógica, en lo absurdo, después de todo el amor es la locura en su máxima expresión y quien me diga lo contrario estoy dispuesto a demostrárselo. Pero, ¿era amor lo que yo sentía por ella? ¿era amor o un empecinamiento irracional? ¿era quizá, como me lo dijera una amiga psicóloga, una mera adicción? ¿era amor o era costumbre? La respuesta quizá nunca la sabré pero si he de inclinarme por alguna escogería la adicción. Ya que no me había dado por las drogas, el alcohol ya lo había dejado y nunca fui devoto de la religión, me había vuelto en cambio adicto a ella, a esa mujer diez años menor que yo y que respondía al nombre de Gabriela.
No obstante el problema no era ese, al menos no del todo, el problema era que me había prendado de una mujer que saltaba de cama en cama sin pudor alguno, sin vergüenza alguna y no es que esté mal, sino que siempre se empeñaba en restregármelo en la cara. Ahí estaba, de hombre en hombre con la velocidad de la luz, y también ahí estaba yo como mero espectador. Nunca lo ocultó, incluso hacía ostentación de ello. -¿por qué soy tan ninfómana?- le escuché decir un día, entre broma y en serio, a una amiga suya, delante de mí, sin que le importara en absoluto lo que yo pudiera sentir ¿y porque habría de importarle? Si solo éramos amigos, amigos ante los ojos de todos aunque ella y yo sabíamos que nunca podríamos ser amigos, al menos yo no. Porque además de todo Gabriela conocía a la perfección lo que yo sentía por ella y parecía gozar con mi sufrimiento.
Siempre la vi como una mantis religiosa de veintitrés años, fascinada por devorar con sádica lentitud al macho que la cortejaba. Había que exterminarlo con premeditada parsimonia. Y yo al otro lado, dispuesto a sacrificarme por poco menos que nada, dispuesto a ser devorado con tal de recibir de forma misericordiosa lo que sea, algo, pero nada habría de llegar.
Sobra decir que todos los que me rodeaban en ese entonces me miraban con una mezcla de compasión e impaciencia. Sentían al mismo tiempo lástima y enojo. Podría jurar que más de uno deseaba ser yo sólo para hacer lo que yo no tenía valor, el valor de abrir los ojos y ver la inminente verdad. Para mis amigos, era yo un imbécil que se dejaba pisotear por una tipa que no valía la pena. “Mándala a la chingada” era su frase más recurrente. Para mis amigas, era yo un pelele que no demostraba amor propio alguno, al seguir empecinado a conquistar a una mujer desalmada. “Mándala a la chingada” era, así mismo, su frase más recurrente. En fin: estaba convertido en el hazmerreír de la gente que no me quería, y porque no decirlo, de la que me quería también.
Y así pasaron tres, cuatro, cinco, siete, diez, veinte largos años, sin que la situación cambiara un ápice, algo en mi interior me decía que, tarde o temprano, Gabriela terminaría por cansarse de su vida licenciosa, de su promiscuidad irrefrenable, de su asquerosa liviandad. Y así fue, justo cuando cumplió sus cuarenta. Había perdido su frescura y su vocación sexual. Entonces pretendía ser una mujer madura. Decidió abandonar el gusto por coleccionar varones y quería dedicarse a uno solo. Volverse monógama y contraer matrimonio, pero la gente ya no cambia, eso es un mero sueño efímero, es simplemente una imagen poética y pobre de hechos reales y tangibles.
Yo continuaba cerca de ella, ya me había aventado el papelazo de sufrimiento por casi dos décadas, con vergonzoso estoicismo pero seguía ahí, siempre servicial, siempre leal cual perrito faldero en espera de las sobras. Ella lo sabía y por eso no se había alejado del todo, conocedora de mi masoquista incondicionalidad, había logrado algo notable: cada vez que el frágil hilo que nos unía se tensaba y estaba a punto de reventar, lo aflojaba con sabiduría y lograba que de ese modo yo continuara atado a su cintura. Para mi, aquel jilo era mi única esperanza y tampoco me empeñaba en romperlo. Fue entonces que una mañana la invité a desayunar y me reveló el cambio que pretendía hacer en su vida.
Se veía triste, un tanto apagada y con la piel seca, yo por mi parte seguía mirándola como la mujer más bella del mundo, al escuchar que quería casarse desde lo más recóndito de mi ser brotó un halo de ilusión. ¿era a caso que la vida me recompensaba? ¿tanto padecer en silencio, tanta sufrida paciencia, al final habían valido la pena y podría aspirar a convertirme en el único hombre de aquella a quien seguía amando con abnegada pasión? Después de todo, si en alguien podía confiar Gabriela para pasar a su lado el resto de sus días era en mi. Quise decírselo, proponerle matrimonio en ese mismo instante, sin embargo, ella habló primero.
Entonces el destino se burlaba de mi una vez más, entró un tal Jerónimo a la conversación, un tipo del cual siempre había sentido celos y escuchar ese nombre me hizo estremecer. Habían transcurrido ya quince años desde los meses en que ella anduvo con él y en los que me lo restregó en la cara por varias ocasiones. Si bien había aborrecido a todos esos galancetes con los cuales ella había compartido lo que a mi me negó siempre, por este sentía el peor de los rencores. Si todos los que la gozaron habían sido en su mayoría una bola de patanes, este era el más patán de todos.
Seguí con la conversación que sabía a dónde llegaría, en mi voz vibró un temor nervioso, mi cuerpo se llenó de tensión y mis manos temblaban a pesar de mis esfuerzos por controlarme. Ahí venía la siguiente estocada, nunca dejó de apuntalarme el corazón.
Y entonces lo dijo, el tal Jerónimo le había propuesto que se casaran.
Si en ese preciso momento hubiera tenido en mi mano un vaso de vidrio seguramente lo hubiera hecho añicos con la presión de mis dedos y entonces habría sangrado con profusión. Pero sangré, vaya que si sangre, solo que ella no se dio cuenta o no quiso hacerlo. Yo tenía la garganta seca y los ojos humedecidos, ella miraba hacia otra parte.
Después de un silencio de dos minutos que a mi me pareció un siglo me preguntó el que pensaba, entendí entonces que dos minutos en el infierno son toda una eternidad. Su interrogante me desconcertó. ¿No era obvio lo que yo podría contestarle? ¿no sabía de sobra lo que sentía por ella, todo el amor que le había profesado durante tantos putos años? ¿desconocía acaso lo que pensaba de ese pendejo? Después de todo solo quería escuchar el consejo de su MEJOR AMIGO.
Ahora que recuerdo la escena con la relativa tranquilidad que le brindan los años a uno, me parece que debimos vernos absolutamente ridículos.
Una mujer que ingresaba a los cuarenta y un hombre con cincuenta y tres años, sosteniendo un diálogo que tal vez habría resultado menos absurdo en personas veinte años menores. Por supuesto que mi consejo hubiera valido muy poco. Tenía la certeza de que Gabriela tenía decidido lo que iba a hacer y que nada la haría cambiar de opinión, mucho menos mi consejo.
Se casaron dos meses más tarde, ella me llamo un día antes de la boda, un día, un puto día, ni siquiera con una semana de anticipación, quiero imaginar que lo hizo de esa forma a sabiendas de que por ningún motivo asistiría. Quien iba a imaginar que antes del medio año se separarían de manera irreconciliable. Bueno, al decir verdad, yo lo sabía pero no esperaba que ocurriera tan pronto, la conocía demasiado bien como para saber que no había nacido para la vida de casada.
Jamás lo volvería a intentar, trató de volver a su afición por las camas diversas, pero ya no fue lo mismo y terminó por dejar su entrepierna en paz. Ayer cumplió los cincuenta, sé que vive sola en una pequeña ciudad de Monterrey. Hace ya un tiempo que no la veo más, aunque de manera esporádica nos escribimos o llamamos por teléfono. ¿Qué si todavía la amo? Creo que sí. Por alguna extraña razón que supongo jamás me sabré explicar, como dije antes, el amor raya en el límite de la sin razón y la locura que para el caso es lo mismo, mi amor por esa mujer ha seguido vivo y su recuerdo me mantiene paradójicamente jovial. Cuando la recuerdo es como si estuviera a punto de morir, dicen que cuando uno está en ese momento toda tu vida pasa frente a tus ojos, es un segundo que se convierte en una eternidad y lo he comprobado, es como una película en blanco y negro, una burla chaplinesca es la que todos son partícipes y se ríen de tu perenne estupidez mientras que tu solo eres un simple espectador de la burla del destino, será que eso del destino era una mentira, será que lo único que quería la vida era terminar conmigo, quien sabe.
Lo único que sé es que tuve que vivir sesenta y tres años para darme cuenta de que he desperdiciado mi vida en una espera inútil, la eterna espera por nada. Y de todo esto aprendí que la vida nos debe mucho, pero saben que, la vida nunca nos pagará nada y será mejor acostumbrarnos. Supongo que no está mal para un sujeto que sigue sin hacerse a la idea de que ya no es un adolescente.
Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
Siempre lo he dicho, prefiero los finales inmediatos y misericordiosos antes que las amistades largas y... mal intensionadas.
Giallo Ishambao. Noviembre 2005...
Lo Dijo La CALAVERA 7 LUNAS A Las 8:27 AM   1 Chingaderas, Quejas y Mentadas. Habla Ahora o Calla Para Siempre
::===> Sólo soy un Ser Humano Aquí Dentro, Sólo Existo Dentro de Este Blog. :::::::====> Escribo para quienes creen saberme, para quienes buscan pero nunca han de hallar, dedicado para quienes buscan a un Giallo inexistente, para quienes creen haberme visto sentado en el bar de siempre, para quienes me buscan en sueños fortuitos, en las vísperas del alba, en sentimientos radioactivos, en pensamientos húmedos, en sus buenas intenciones. Sólo recuerda algo, desde que te has ido aún nadie me ha vencido, desde que te has ido la bailo igual contigo que sin ti. Dedicado a los que no me encuentran... A los que no han sabido buscarme...
¿Y Quién Chingados Soy?
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Aunque creo que nunca me llegaré a conocer por completo supongo que soy una persona sencilla, siempre le ando buscando el lado humano a las cosas aunque hay personas que creen que soy hermético, me gusta mantenerme a la expectativa de todo, creo que la vida es una aventura y no me gustaría vivirla siguiendo un mapa, mi filosofía es que en la vida te tienes que divertir, lucho a cada día por ser una persona auténtica, algunas de mis grandes fallas es que soy un orgulloso declarado y por demás rencoroso, no olvido fácilmente. Me encanta la libertad y soy amante de los momentos elaborados gracias a la virtud de una cerveza, soy algo extremista, aprendiz de todo y víctima del entorno, antihéroe despeinado y siempre con ojos de taciturno aunque sean las seis de la tarde, defensor de las causas perdidas e insaciable buscador de un mundo perfecto aunque sé que nunca he de encontrar, pensándolo bien creo que soy una persona muy compleja pero entretenida... si, creo que así soy.

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